domingo, 8 de diciembre de 2013

TAIWÁN (Trabajo de Historia Política Actual)




ANTEDECENTES HISTÓRICOS
Es una gran isla a unos 150 kilómetros de la costa de Fujián situada en el este de China. Estuvo habitada por pueblos indígenas que los chinos consideraban bárbaros. En Occidente ha sido conocida como Formosa, nombre dado por los portugueses, que fueron los primeros en desembarcar allí en el siglo XVI.
En el XVII, tanto los holandeses como los españoles establecieron puestos estratégicos en la isla pero fueron expulsados por el general Zheng Chenggong de la dinastía Ming. Por entonces, ya había pequeños asentamientos chinos. Esta inmigración continuó con el general Zheng que mantuvo la isla como último bastión de la dinastía Ming cuando se estableció en el continente la nueva dinastía Quing (1644). Zheng también estableció allí una administración formal china. Su sucesor, fue sometido finalmente en 1683 por el gobierno central de China. El resultado fue que Taiwán se convirtió en una prefectura de la provincia de Fujián.
Las ambiciones japonesas sobre Taiwán en las décadas de 1870-1880, dieron lugar a que el gobierno chino separara Taiwán de Fujián y la convirtiese en una provincia independiente. En 1895, después de la derrota china en la guerra con Japón, Taiwán fue cedida a los japoneses en el Tratado de Shimonoseki. La población local intentó resistir la ocupación y proclamó una República. Sin embargo, fue destruida, por lo que pasó a ser una colonia de Japón.
Durante la Segunda Guerra Mundial los poderes aliados acordaron en la Conferencia de El Cairo de 1943 que Taiwán debía devolverse a China tras la Guerra. En 1945, el gobierno chino, entonces bajo el Partido Nacionalista, recibió la rendición japonesa en Taiwán. Los “libertadores” chinos, causaron una pobre impresión a los taiwaneses, con respecto a su papel en el poder. Por su parte, los chinos consideraban dudosa la lealtad de los taiwaneses puesto que durante medio siglo habían estado bajo la administración japonesa. La tensión estalló en un incidente trágico durante febrero y marzo de 1947, cuando un caso de brutalidad policial china hacia una vendedora causó una revuelta taiwanesa que, derivó en una brutal ofensiva militar: Este es el conocido Incidente del 28 de febrero.


(Este día, en la actualidad se celebra el Día de la Paz en Taiwán y estos monumentos conmemoran aquel acontecimiento situados en el Parque de la Paz. Aún a día de hoy se mantienen ciertas controversias a la hora de hablar sobre lo ocurrido y sus consecuencias.)

Tras la derrota del Partido Nacionalista a manos de los comunistas en la Guerra Civil china (1946-49), Chiang Kai-shek se retiró a Taiwán y la transformación en su último reducto. El Partido Comunista Chino, cambió su política mientras ganaba la Guerra Civil, considerándola como una provincia rebelde.


Chiang Kai-Shek
Los planes para invadir Taiwán se frustraron, después del estallido de la Guerra de Corea en junio de 1950. Los Estados Unidos que hasta entonces se habían resignado a ver a los comunistas invadir Taiwán, respondieron situando a sus flotas en el estrecho para impedir que las hostilidades coreanas degeneraran en una guerra generalizada en Asia. Esta presencia continuó hasta 1979, después de que estableciesen relaciones diplomáticas con China.
Con respecto a la sociedad, tras la recuperación de Taiwán por el gobierno del Partido Nacionalista, éste trató de devolverle a la línea central de la vida china. El proceso se aceleró cuando el régimen perdió el continente y se replegó en masa hacia Taiwán, por lo que el legado japonés se difuminó. Por contra, apareció una división entre los taiwaneses (que eran inmigrantes chinos originarios de Fujian) y los continentales llegados a partir de 1945. Esta división se complicaba por la presencia de pobladores hakka (de la propia China) y de aborígenes que no tenían raíces chinas.
Con Chiang Kai-Shek el gobierno prometió el retorno al continente e hizo relativamente poco por reclutar taiwaneses para tareas de gobierno en niveles de responsabilidad. La situación mejoró con el hijo, Chiang Ching-Kuo, que a principios de los años setenta se convirtió en la fuerza política dominante y asumió la presidencia. Se esforzó por destruir esta división subétnica tratando de que los taiwaneses se incorporasen a la administración pública. Además, el chino septentrional se impuso como lengua nacional y se exigió su utilización en público.
Chiang Ching-Kuo
Otras dos características fueron su relativa naturaleza igualitaria y su estabilidad. Mientras el Partido Nacionalista trató de poner en práctica los programas que consagraban en su ideología: los Tres Principios del Pueblo. Su programa social era la reforma agraria, que produjo una redistribución de la riqueza y la eliminación de una subclase rural de jornaleros sin tierras. Se garantizó la estabilidad social con la existencia de un gobierno eficaz y estable, respaldado por la duradera imposición de la ley marcial en 1948.
Taiwán entró en los años ochenta sin que su sociedad sufriese grandes cambios. El crecimiento económico sostenido y las enormes inversiones en educación pública habían creado para entonces una clase media considerable dispuesta a aumentar su peso en los asuntos públicos: subyacía el desarrollo de una fuerte corriente democratizadora. Durante su evolución, el gobierno del Partido Nacionalista tomó en 1986 la decisión de democratizar el país, lo cual se tradujo en una relajación del control social y en el levantamiento de la ley marcial al año siguiente. Esta tensión disminuyó tras las disculpas del Presidente a las víctimas del Incidente.
Actualmente las plazas de funcionarios están abiertas por igual a todos los ciudadanos taiwaneses. Aún es prematuro descartar la importancia de la división subétnica en Taiwán pero gradualmente está emergiendo una única sociedad. Este hecho puede atribuirse a las experiencias compartidas de las generaciones más jóvenes, y los crecientes contactos entre los habitantes de Taiwán y los chinos de la República Popular.

TEMAS POLÍTICOS
Hasta 1986 el sistema político de Taiwán era el del Partido Nacionalista (Kuomindang) como partido-Estado leninista construido sobre los fundamentos de la tradición confuciana y reforzado sobre las fuerzas armadas. El Partido Nacionalista Chino con Chiang Kai-Shek, intentó consolidar su posición en Taiwán y puso en marcha todo un abanico de reformas para una futura confrontación con los comunistas. A principios de los años cincuenta, Chiang reorganizó el Partido Nacionalista según los principios leninistas y confió a su hijo, Chiang Ching-kuo, la tarea de modernizar el aparato de seguridad interior.
Los partidos se diferenciaban entre sí en la ideología de Estado que se adoptó en Taiwán, que fue la de los Tres Principios del Pueblo y no el comunismo (pese a que uno de sus principios incluye el socialismo.) Sus otros dos principios son el nacionalismo (cuya mayor fuerza era eliminar la dominación imperialista de China y promover el renacimiento nacional) y la democracia.
Finalmente, el partido-Estado del Partido Nacionalista tuvo un “centro político inhibido”. Esto en la práctica se tradujo en que el Partido-Estado tuvo que aplicarse un tremendo autocontrol en su ejercicio del poder. A pesar de ello, la gran mayoría de los residentes de Taiwán no sufrió directamente la opresión.
En 1986, el presidente Chiang Ching-Kuo, provocó la ruptura del autoritarismo dirigiendo el país hacia la democratización. Su audaz movimiento inició una transición pacífica y en general ordenada y evitó el riesgo de inestabilidad o incluso la convulsión que hubiera acarreado un intento de derrocar desde la base al poderoso Partido-Estado.
El sucesor de Chiang, el presidente Lee Teng-Hui, era un recién llegado y no tenía el mismo poder de sus predecesores.
Lee Teng-Hui
 No obstante, la democratización avanzó de forma constante y puso fin al “periodo de movilización nacional para la supresión de la rebelión comunista”. Desde 1986, los antiguos disidentes organizaron partidos de oposición para desafiar al gobierno. El electorado tenía suficiente educación, prosperidad e interés para implicarse activamente en la emergente confrontación política.
También cabe destacar que a Lee Teng-Hui, le sucede Chen Shui-Bian de ideología pro-independentista que es sustituido por Ma Ying-Jeou perteneciente al Partido Nacionalista.

Chen Shui-bian
Chen Shui-Bian
(2000-2008)
Ma Ying-Jeou
(2008-Actualidad)

LAS RELACIONES EXTERIORES Y LA CUESTIÓN DE LA UNIFICACIÓN
Después de 1949 la realidad política fue la existencia de dos estados chinos, ambos reclamando ser la única China: la República de China (Taiwán: gobierno de Taipéi) y la República Popular China.    


      

Puesto que la República de China, fue uno de los miembros fundadores de la ONU, siguió manteniendo su puesto en el Consejo de Seguridad y la Asamblea con el respaldo norteamericano.


A partir de 1971, las políticas exteriores de EEUU con Nixon a la cabeza se dirigieron a China por lo que, Chiang Kai-Shek ordenó a su representante que se retirase de la ONU antes de ser expulsado. En consecuencia, la República Popular ocupó los lugares de China en todas las organizaciones de la ONU. Pese a este cambio, Taiwán siguió desarrollándose y prosperando como un Estado independiente.


En la actualidad, el gobierno de Taiwán hace hincapié en la necesidad de que ambos gobiernos chinos reconozcan la existencia de dos entidades políticas separadas y busquen la unificación a muy largo plazo y sin la utilización de la fuerza, a la que China se compromete.



BIBLIOGRAFÍA:
China en transición: sociedad, cultura, política y economía. Taciana Fisac y Steve Tsang.
Historia del mundo actual desde 1945 hasta nuestros días. J. R Espinosa.

lunes, 2 de diciembre de 2013

PENSIONES Y DEUDA PÚBLICA


Vincenç Navarro: Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy, The Johns Hopkins University.


Uno de los objetivos más importantes del capital financiero (es decir, de la banca, de los fondos de alto riesgo y de las compañías de seguros, entre otras instituciones) es privatizar la Seguridad Social y, muy en particular, las pensiones públicas. Éstas representan los fondos más importantes en cualquier país, incluyendo España. Los trabajadores y empresarios cotizantes pagan sus cuotas a la Seguridad Social para financiar, entre otros beneficios, las pensiones. Y, como hay más ingresos al fondo de pensiones que beneficios, se ha ido acumulando un fondo de reserva considerable (alrededor de 65.000 millones de euros). Es muncho dinero y el capital financiero quiere meterle mano. Representa una gran golosina. En contra de lo que se informa a la población en los medios influenciado por el capital financiero (que son la mayoría), hoy el capital financiero tiene mucho dinero y va en busca de más. Éste es su próximo gran proyecto: que esta reserva pase a manos de las instituciones financieras privadas en lugar de las públicas (esto también ocurre, por cierto, con la sanidad pública, de la que hoy tal capital financiero desea la privatización para poder también meterle mano, beneficiándose de ello. La evidencia de que esto es así es abrumadora.)
Uno de los argumentos que utiliza el capital financiero a través de sus portavoces o grupos de investigación afines, como FEDEA, es que el crecimiento de las pensiones públicas es una de las mayores causas del crecimiento del déficit y de la deuda pública. Y de ahí la necesidad de que se reduzcan tales pensiones públicas. Este argumento se ha repetido miles de veces en los mayores medios donde la sabiduría convencional se produce y reproduce. Y de tanto repetirse, la gente normal y corriente, que adquiere información a través de tales medios, acaba creyéndoselo.
Pues bien, tal argumento es una mentira enorme. Y utilizo el término mentira deliberadamente. Mis lectores saben que no me gusta utilizar expresiones en mis escritos que puedan interpretarse por mis adversarios, que son muchos, como insultos. Pero es imposible que los portavoces del capital financiero no sepan que la Seguridad Social es una institución autónoma que no se contabiliza en el presupuesto del Estado. No puede, por lo tanto, contribuir al déficit del Estado. Es más, donde sí están entrelazadas ambas instituciones es en la compra de la deuda pública por parte de la Seguridad Social. Los fondos de reserva de las pensiones públicas del Estado español, tal como ha indicado The Wall Street Journal en sus series sobre la deuda pública en España. Y lo que es más preocupante es que el 90% de los fondos de reserva de la Seguridad Social están invertidos en bonos públicos del Estado.
La Seguridad Social está, pues, resolviendo, en lugar de dificultando, el llamado problema de la deuda pública española, deuda pública que, por cierto, ha sido creada artificialmente debido al enorme poder del mismo capital financiero. Si el Banco Central Europeo (BCE) (que no es un Banco Central sino un loby de la banca) hubiera prestado dinero al Estado español a los mismos intereses que ha prestado a la banca, hoy España no tendría ningún problema de deuda pública. Ha sido el capital financiero en el que ha creado el problema de la deuda pública a través de su dominio de las instituciones que gobiernan el euro y muy en particular el BCE. Y ahora que la deuda pública está en peligro, son, de nuevo, los fondos públicos de la Seguridad Social los que la salvan. Esto, que está ocurriendo sin que apenas se conozca, se está haciendo a un elevadísimo coste: el que no puedan pagarse pensiones del futuro, lo cual no tendría nada que ver (repito nada que ver) con la famosa transición demográfica y la supuesta inviabilidad de las pensiones (debido a que no habrá suficientes jóvenes para pagar las pensiones de los ancianos), sino fondos de reserva en la deuda pública que probablemente el Estado no podrá pagar. En realidad, los responsables de los fondos de reserva han actuado bajo presiones del Estado, comprando y comprando deuda pública en dimensiones claramente excesivas, poniendo al propio sistema de pensiones en peligro.
A aquellos que continúan alarmando a la ciudadanía indicando que las pensiones no son viables o que la deuda pública está causada por las pensiones, hay que señalarles que la evidencia científica no apoya ni lo uno ni lo otro. Es más, la deuda pública podría resolverse fácilmente, bien imprimiendo euros por el Banco de España y con ello comprar deuda pública (lo cual está permitido en la normativa del Sistema Europeo de Bancos Centrales) o estableciendo agencias públicas de crédito que pudieran pedir prestado dinero al Banco Central Europeo a los mismos intereses que la banca privada (lo cual es permitido por el artículo 123.1 del Tratado de Lisboa) como bien documenta Juan Torres en su artículo “Hay alternativas, incluso dentro del euro” en la revista Alternativas económicas. Que no se consideren alternativas, se debe al enorme poder del capital financiero. Así de claro.